El día que me encontré debajo del zapato tenis de un corredor, se terminó el mundo para mí.
Yo era una hormiga, y me morí mientras llevaba una miga de pan de la basura a lo largo de una acera, a través de las hojas de hierba de un amplio campo, y finalmente a mi hormiguero. Era mi trabajo.
De repente me encontré en el cielo, con San Pedro, y él me comentaba que yo había sido un buen ejemplo de hormiga, y que iba a recibir un ascenso.
Yo le dije bueno, gracias.
Volví a nacer como un lobo, pero odiaba el sabor de la sangre y correr todo el tiempo, y a San Pedro le dije lo mismo.
“Que maravilloso es que usted conozca la naturaleza de su propio alma,” él me dijo. “Si eres hormiga, hormiga serás.”
Volví a nacer en la selva como parte de un ejército de hormigas coloradas. Comíamos la carne de los muertos y muribundos, y me acordé de ser lobo, la ferocidad, y cuando me morí (al ser comido por un pájaro carpintero), eso es lo que le dije a San Pedro.
“Obviamente usted no desea ser o un lobo o una hormiga. Hagamos un compromiso,” él me dijo, y ahora soy humano. Tengo un buen trabajo en Wall Street, y me he acostumbrado al sabor de la sangre.
Thursday, February 4, 2010
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