Tuesday, February 23, 2010

Espacio, Tiempo, y la Pizza

“Si quieres cocinar desde cero un pastel de manzana, primero tienes que inventar el universo.”
-Carl Sagan


Queso mozzarela viene de Campania, Italia, 1570. Masa cocida, hecho con harina, agua, y levadura: periodo neolítico. Los pimientos verdes fueron erróneamente llamados “pimientos” por Cristobal Colón, quien importó a España las semillas en 1493; son originarios de México, América Central, y América del Sur desde tiempos inmemoriales

Pedí una pizza y esperé una hora, muriéndome de hambre, escuchando solo las gotas cayendo del grifo en el baño y canciones de amor casi imperceptibles desde una radio en el apartamento vecino. Sin amigos, sin amor, sin su propio hogar, el tiempo suele pasar muy, muy lentamente. Más aún cuando tienes hambre.

Afuera, la lluvia: una tormenta que se extiende desde Rosario hasta la capital. Ha llovido por tres días seguidos, y las calles están anegadas con agua agitada.

Para preparar una verdadera salsa de tomate, uno necesita ocho horas por lo menos. Para la masa, menos de una hora, mas si quieres sacar la levadura del aire. Tiempo para hornear la pizza: de quince a veinte minutos.

Las paredes de mi habitación alquilada son grises y con manchas de humedad, y a mi me parece una celda fea y vieja, pero necesaria, sobre todo en una noche lluviosa.

El peperoni que se añade en las pizzas baratas fue inventado por italianos en los Estados Unidos, y es descendiente de las salchichas picantes de Napoles y la salchicha soppressata de Calabria. La primera referencia a salchichas en la literatura europea salió en Homero (primera referencia en literatura mundial: 589 A.C. en China). Pero este peperoni específicamente vino por tierra desde una fabrica de alrededor hasta la pizzería en calle Santa Fe.

Estoy aquí, atrapado por la lluvia, volviéndome loco por no poder moverme. Las agujas del reloj me están cargando, te juro que una se detuvo y empezó a moverse en sentido contrario.

Para armar una pizza, uno solo necesita un minuto. Conseguir los ingredientes es otra cosa; para eso, se necesitan varios siglos.

Cuando ella me dejo, yo vine aquí, a Buenos Aires, para olvidar. A veces, cambiar la localización dramáticamente suele ser como avanzar o retrasar el tiempo. Tres meses, pero parece otra vida en otro siglo en otro mundo.

En algún lugar de la ciudad, mi pizza está volando por las calles mojadas y oscuras (la motocicleta con motor de combustión interno: 1885, Alemania).

Quizás vendrá directamente, por mi proximidad al restaurante; quizás vendrá ultima por la misma razón. De cualquier modo, la pizza viajará mas que yo esta noche.

Mi pizza va a alcanzar velocidades altas.

Mi pizza cruza el espacio y el tiempo. Mi pizza durará por siglos. Mi pizza es básicamente inmortal, o por lo menos va a vivir tanto como los seres humanos. Mi pizza, como cada cosa, es un milagro.

Monday, February 8, 2010

Café del Mundo

Notas caen como
una fiebre de besos.
Gotas caen y me hacen
cosquillas;
me queman los ojos.

Nuestros paises lejanos, estamos
aquí en el tambor de Jalisco,
el ritmo de un corazón
que no es mio.
Desde el Pais Vasco la trompeta suena,
y sueño,
con el bajo
de Japón y yo,
caminando
mano en mano.

La cantante grita a Mama Africa.

Es joven para llevar en su voz el sufrimiento
como el polvo que cubre las botellas detras del bar,
que levanta de los senderos de la sabana
para establecerse otra vez sobre las hojas
de arboles torturados por el sol.

Quiero preguntarle algo, pero no sé que.

Somos huesos encima de huesos.
Vivimos en una casa construida de besos.
Somos el mundo eterno,
enterrado en un bar

y de boca en boca solo susurros
entre almas, miradas breves e incompletas,
cigarillos compartidos
entre extraños.

Entre piel y piel

siempre hay luz:

y entre nuestros paises distantes,
mares de aguas amargas.

Thursday, February 4, 2010

La Hormiga en el Cielo (una fábula de Wall Street)

El día que me encontré debajo del zapato tenis de un corredor, se terminó el mundo para mí.

Yo era una hormiga, y me morí mientras llevaba una miga de pan de la basura a lo largo de una acera, a través de las hojas de hierba de un amplio campo, y finalmente a mi hormiguero. Era mi trabajo.

De repente me encontré en el cielo, con San Pedro, y él me comentaba que yo había sido un buen ejemplo de hormiga, y que iba a recibir un ascenso.

Yo le dije bueno, gracias.

Volví a nacer como un lobo, pero odiaba el sabor de la sangre y correr todo el tiempo, y a San Pedro le dije lo mismo.

“Que maravilloso es que usted conozca la naturaleza de su propio alma,” él me dijo. “Si eres hormiga, hormiga serás.”

Volví a nacer en la selva como parte de un ejército de hormigas coloradas. Comíamos la carne de los muertos y muribundos, y me acordé de ser lobo, la ferocidad, y cuando me morí (al ser comido por un pájaro carpintero), eso es lo que le dije a San Pedro.

“Obviamente usted no desea ser o un lobo o una hormiga. Hagamos un compromiso,” él me dijo, y ahora soy humano. Tengo un buen trabajo en Wall Street, y me he acostumbrado al sabor de la sangre.